Loja es el cerebro, el alma y el corazón de la Patria. Vibra en su historia ancestral el espíritu de una cultura vertical y profunda, que ha creado conciencia y solidez en la nación ecuatoriana.
Vigía tutelar de la integridad nacional, deber ser conocida, visitada y querida por todos lo ecuatorianos, para, conociéndola en su esplendidez material y su grandeza espiritual y admirándola en la dura faena de su trabajo y redentor y creador de cada día, en lucha sin descanso con fuerzas telúricas y geofísicas que la aprisiona y oprime, amarla más y sentirla predilecta entre provincias hermanas y con Loja y ellas cantar el himno de su incorporación nacional ya lograda en el hacer cultural profundo y prístino, cuya luz se esplende más allá de las fronteras, pero que necesita, que requiere ineludiblemente, en el ámbito material entre otras cosas de carreteras que sean verdaderas vías de comunicación, el salto industrial para alentar y salvar su maltrecha economía y pronto y a raudales, el movimiento turístico para que la pupila ecuatoriana y extranjera se extasié en la contemplación de una naturaleza multiforme, de espléndida diversidad, con lugares sublimes, majestuosos y de prócer soledad y bellezas naturales intocadas, horrísonas y solemnes, vastas y abruptas, surcadas por una atmósfera y pura, como en nu vacío sin obstaculos, entren fanales de luz a torrentes. todo ello para que el espíritu del hombre, se declare impotente y sumiso, ante tanto prodigio y deslumbrado se llene de estupor y se sobrecoja en meditaciones profundas.
Loja geográficamente dueña de todas clase de paisajes y climas, dulce panorama de esmeralda y de oro, de violeta y plata cristalina, de valles angostos, fecundos y pródigos, circundados, unas veces, por ríos grandes y torrentosos y otras por pequeños, mansos y cristalinos y por encimas del valle los alcores verdes y los montes y los altos picachos, arena parda y morena. Tierras negras, piedras obscuras, silentes valles resecos de arena y sol, altos e imponentes picachos, apretados unos contra otros, en una urdimbre de caprichos geológicos ya de encumbrada soledad o de bullente y musical alegría y entre ellos, en los hondos abisales, hontanares cristalinos de aguas blancas, azules y puras.
En ese marco multiforme, unas veces de una fecundidad embriagadora, y otras con tierras secas y estériles, sedientas de sed, jocundo y plácido, una flora, de mística y hieráticas figuras y una fauna variada y múltiple que hacen de Loja un escenario geográfico digno de ser conocido y más todavía de ser estudiado para descubrir sus misterios y secretos.
En estos valles, selectos y recónditos, la longevidad como en el de Vilcabamba, lugar apacible y dulce de eterna primavera en donde los años y los siglos apenas si mueven las horas del tiempo.
En la cúspide de esta tierra prodigiosa y espléndida de la grandeza del hombre lojano, con alma fraterna, amable, extrañamente sincera, profesando la mística de la amistad y el efecto, presente en una hospitalidad leal, anchurosa y buena para recordarla siempre e inolvidablemente.
Esta es su filosofía y con ella, al rítmico acento de su bello, rico, esplendente y multiple paisaje, ha creado una música de notas humanas, alegres y profundas y una poesía que es brisa suave y leve y sobre todo ensoñación, todo lo que constituyen con otros y grandes méritos, la corona de laurel de su gloria y de su soberbia presencia en la Patria.
Prefecto Provincial de Loja 1977
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